------Tu alma es lo que ayudas, y tu crueldad lo que impides

martes, 1 de septiembre de 2015

Nada más vil que un explotado que ayuda a la explotación,
que un decepcionado o engañado que ayuda al engaño,
que una víctima del machismo o del racismo que ayuda al machismo o al racismo,
que un amante de los animales al que le gusta verlos desangrarse -de forma evitable- porque al final eso justifica como para no hacer nada o como lo correcto,
que un escritor (que es un "seguir o alentar lo sabio") y, cuando ve esfuerzos de razón y de sabio, desalmadamente los maja a palos como un HdP.
Foto de José Repiso Moyano.
Nada más vil que un explotado arrodillado y conforme,
o que un manipulado agradecido y servil a eso
http://luchartieneunsentido.blogspot.com.es/

2 comentarios:

José Repiso dijo...

La realidad no se inventa, pues se inventa todo lo que no existía antes de empezar tal o cual propuesto invento. Así que tú equilibrada o sensatamente no puedes decir que elementos esenciales de la realidad por tu capricho-locura "se inventan" (pobreza, fusilamientos, el violar y matar niños, la contaminación, etc.) porque, si lo haces, eres ya un negacionista de las mismas bases de las responsabilidades y del bien (o sea, un exterminador de la conciencia y de todo).


Cuando no seas capaz de demostrar humanidad, ni ética ni conciencia, cobardemente no niegues humanidad ni ética ni conciencia, HdP.

José Repiso dijo...

Una persona DESDE EL BIEN (o desde la razón), tras demostrar que un bien fundamental ha sido pisoteado o exterminado, tiene todos los infinitos derechos (existentes o por existir)) a insultar miles de millones de veces (y, encima por hacerlo, manteniéndose infinitamente santo o ético) por DESAPROBAR, IMPEDIR, CONDENAR o no darles facilidades al mal.
En cambio, una persona desde la insistencia de un error o DESDE LA SINRAZÓN no tiene porque exigir nada, y no tiene por qué impedir o condenar nada bien justificado; por lo tanto, no tiene ni un átomo de derecho a insultar a nadie ni a nada. Así es esto de limpio y de decente.

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El que no lucha por lo que quiere
(paz, no engaño, no maltrato, etc)
no se merece nunca lo que desea