------Tu alma es lo que ayudas, y tu crueldad lo que impides

jueves, 28 de febrero de 2013

LA FACILIDAD DEL MENTIR

- Porque muchos venden una sensación, y no se refieren a una concreción o a una verdad. Por ejemplo: La del "todo va bien" -aunque siga subiendo el desempleo, aunque baje el consumo, aunque haya aún decrecimiento, ¡nada!, todo va bien por sensación o paranoia que busca el mayor contagio posible -fanatismo o alineación-.
- Porque no se pone un plazo para cumplirse una efectividad (verdad); así que todo cuenta que podría ser verdad "cuando sea", en un mañana eterno -se busca una gran efectividad a tu medida aunque, por distancia, no tenga nada ya que ver con tu medida-.
- Porque ahora -objetivamente más que nunca- hay un masivo marketing sobre lo que gusta que sea verdad -aunque nunca pueda realmente serlo-; sí, claro, es verificable en tantos medios miles de mensajes moralistas o  facilistas que, a lo ligero, se creen como buenos pensamientos, sin más -pero no demuestran nada, tienen buena cáscara sin ya alguna prueba de contenido objetivo-.

5 comentarios:

José Repiso dijo...

Para mentir hay miles y miles de caminos -y todos son astutamente utilizados por los medios-; por el contrario, para decir la verdad, solo hay un camino, ¡vaya desventaja!

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Cualquier frase puede tener - siempre interesadamente- una parte incoherente de verdad; por lo que, en coherencia, no es verdad. Una frase es verdad cuando, quitados todos los intereses de ti o parciales o grupales, sigue siendo verdad. Y es verdad no porque se cree como verdad -por creer-, sino porque cumple una efectividad racional o real de verdad.

José Repiso dijo...

A muchos les mueve el que les gusta ansiosamente que algo sea verdad -como sea- y, como les gusta, hacen campaña para que eso que creen o que les gusta, a toda costa, buscando muchos adeptos o fanáticos, se instale como verdad.
Es como un juego de poder o de locuras. Por presión social o por adquisición de poder imponen eso sin más como verdad, por ley de mediación fuerte o de la fuerza.

José Repiso dijo...

Bastantes únicamente imponen su nazismo cerebral: es verdad -y la siembran en la sociedad, de lo cual se creen tener derecho- lo que a ellos les gusta, lo que a ellos les interesa, lo que ellos creen -haciéndose la pelota de privilegios entre ellos-, lo que ellos se imaginan....

Y así van haciendo todas las injusticias posibles -y encima que los respeten, que respeten su crear inhumanamente injusticias-, les basta imponerlo con su creer y sus fanatismos, nada más.

José Repiso dijo...

El primer respeto, el último y el único es... el RESPETAR lo que se demuestra racionalmente (ya que hasta todos los principios éticos están basados en la razón). No existe otro respeto, digan lo que digan los manipuladores.
El esfuerzo racional -en su pleno juego limpio- es lo más difícil que existe en todo el infinito -pues objetivamente se han utilizado miles de sacrificios-, si tú no lo ayudas ni lo respetas ni lo consideras ERES OBJETIVAMENTE UN NAZI ESPAÑOL -un terrorista malnacido de todo lo esencial-.

Los/as intelectuales españoles no demuestran una limpia responsalidad, aplican sus intereses mediáticos antes que la información, nunca he visto a alguno reconocer algo, pero se venden muy bien "haciendo la pelota" y montándose (gracias a que utilizan multitud de ajenos -no suyos- recursos públicos) una imagen que compra poder (les va perfectamente "lo vendido") y prestigio. A las claras, ¿qué les es válido?, ¿respetos cuando nunca se han respetado la integridad de ellos mismos? Al fin que se peguen un tiro y que no hagan más daño (pues hacen daños de confusión, de manipulación, de no dejar al otro lo que le corresponde, de vanidad, de indiferencia, de no permitir nada, etc. para mucho tiempo mientras apenas un asesino unos años) o que les folle diabólicamente Matamoros si les va lo expectacular.

José Repiso dijo...

¡Cuánto sufrimiento habrán creado durante toda la historia con esas técnicas de anulación y de exterminio!, ni siquiera todas las penas de muerte posibles harían justicia, ¡es la crueldad infinita!, ¡implacable de mal!