--------------Cuando no se le ayuda a la verdad, la mentira se impone (y sus daños).

viernes, 9 de noviembre de 2012

¿QUÉ IMPIDE LA LIBERTAD?
Para que algo progrese o mejore, imprescindible u obligatoriamente ha de liberarse de algo, de algo que lo sujeta para que no avance en mejoría o para que no abandone su inmovilismo de antinatura.
Estas diferentes sujeciones son -considerando que unas se adaptan y otras no-:
- Tradición o costumbre -normalmente se adapta, por desinhibición-
- Ley -se adapta a veces, conforme al poder político, autoritario o no-.
- Mito -no es un gran obstáculo, pues llega a ser compatible con la libertad, si se acepta el conocimiento abierto y racional-.
- Tabú o superstición -esta sujeción es de las más peligrosas, ya que anula la razón a través de la fe ciega y el miedo-.
- Alineación de clase; sí, aun las ideologías son luchas de clases -es una sujeción que la sociedad tardará en superar, puesto que el rico o privilegiado busca siempre liberalismo o conservación de sus privilegios y, el desgraciado o pobre, busca protección o aperturas de reparto o de amparo social-.
Religión o su jerarquía en comodidad inamovible -siempre impedirá la libertad de la mujer y es, además, una sujeción incontestable que se otorga a sí misma un poder o permanencia eterna; es muy difícil de vencer si se dogmatiza aún más sin autocrítica-.
- Desinformación por la acción mediática -sustituye  la razón, la ética y conciencia por el rumor, el bla-bla interesado y la frivolidad; sí, machacando diariamente en la formación de niños y de gran parte de la sociedad muy sugestiva, es una sujeción claramente peligrosa-.

1 comentario:

José Repiso dijo...

Muy claramente -con toda demostración-, Jesucristo se rebeló contra lo que se estaba haciendo de su propia religión, contra toda aquella jerarquía falsa que hablaba de su padre o de Dios.

Sí, lo primero que hizo Jesucristo fue desenmascarar toda aquella falsedad, de mercaderes, de privilegiados y de jefes que no tenían idea de la fe y de la práctica de esa fe. E hizo muy bien con rebelarse, y decir las cosas claras del corazón, no gustasen, ofendieran o lo que sintieran tantos falsantes.

Quizás fue el rebelde -por exigir o reclamar lo limpio- que más ofendió en aquel lugar de la historia; pero, era limpiamente su deber del alma.