--------------Cuando no se le ayuda a la verdad, la mentira se impone (y sus daños).

jueves, 21 de marzo de 2013

Hay una locura predominante -sirviendo a cada interés creado- que es el "hay que dar o se debe dar un mensaje de...". No, nadie debe dar un mensaje de nada (¿para qué sirve que Stalin diese un mensaje de paz o que ahora un intolerante dé un mensaje de paz?, ¿para qué sirve dar un mensaje de justicia si no se reconoce ni la razón ni la justicia?).

Primero sé racional con probación y con reconocimiento a la razón y, luego, das eso como información o... como mensaje -pero eliminando lo que de facilismo o de ligereza conlleva casi siempre un mensaje-.

3 comentarios:

José Repiso dijo...

¿Para qué sirve que un irracional dé un mensaje?
¿Para qué sirve que el facilismo mediático siga dando mensajes vacíos de racionalidad y siempre interesados de sus cerrazones?

Los mensajes éticos se dan TRAS UN ARDUO ESFUERZO, en donde siempre interviene el reconocer lo racional de quien sea y el reconocer los componentes reales en esa coherencia como están en la realidad.

26 de octubre de 2012

José Repiso dijo...

Hay unos que objetivamente son fanáticos -tienen un fanatismo- y dan mensajes todos los días; otros que objetivamente están alineados sin condiciones y dan mensajes todos los días; otros que han autorizado guerras y desigualdades y están dando mensajes todos los días; otros que maltratan a los animales y dan mensajes todos los días; otros que todo lo dicen interesadamente y están dando mensajes todos los días; otros que ya han tenido hechos corruptos -o antiéticos- y están dando mensajes todos los días....


Un mensaje ético es una cosa muy-muy seria, con mucha reponsabilidad, y muy pocos tienen la capacidad de demostración y la ética para darlo, no, no es un mercado -como ahora- de mensajes caprichosos y enlocados.

José Repiso dijo...

Enemigo o amigo se puede ser de todo que para eso únicamente es la libertad: el decidir por uno mismo el detestar, el no aceptar o el no participar en algo, si se aportan razones. Nada establecido debe ser aceptado por la fuerza. Y el decidir eso no es ni destructivo ni constructivo -va en función del error o del no error-. Así es, no construyen los monárquicos y los antimonárquicos destruyen, no construyen los nacionales y los federales destruyen, ¡no! -es que casi todos instalan el error en su conveniencia, ¡siempre ocurre así!-.

Lo que no se puede hacer es ir en contra de las reglas racionales-éticas, en un jugar sucio contra ellas -que no te importen, en corrupción interior-: eso sí es objetivamente destruir.