--------------Cuando no se le ayuda a la verdad, la mentira se impone (y sus daños).

domingo, 23 de diciembre de 2012

Para el error, para la involución, para la incomprensión, para la crueldad de cualquier tipo de injusticia, siempre se recurre a lo mismo (por falta evidente de buena voluntad, de autocrítica, de sensata valoración y de conciencia): al "es que soy así".
Pero ese obsesivo -cómodo y egoísta- recurso NO PUEDE JUSTIFICAR NADA contra la razón o contra unos principios éticos; sí, tú serás "como seas" pero eso es "en lo emocional" que es inamovible -por condición genética-. Sin embargo, si ya no quieres darte cuenta de algo -atendiéndo sólo a la voluntad tuya y a la decisión del valorarlo- es porque no quieres. Así es de claro, sí, muchos viven de forma inamovible: a ideas fijas, dejándose depender de costumbres, de modas, de símbolos del cine o del mercado o del poder, etc. Esos no comprenden nada ni nada dejan evolucionar o mejorar sencillamente PORQUE NO QUIEREN -a mollera cerrada-.
Hay bastantes personas que ya, por haber siempre desprotegido a la razón y por haber impuesto demasiado por mediación o por juego sucio, únicamene destruyen de fondo, estén en donde estén, en el gobierno, todos los días engañando o robando premios o falseando con cualquier poder.

2 comentarios:

José Repiso dijo...

La "banca" -o la usura- siempre gana sobre el que trabaja o sobre la honradez, el que impone siempre gana sobre el que demuestra, el mediático de las mil caras -objetivamente el más cruel- siempre gana sobre cualquier esfuerzo o humildad, y el gobernante protector de lo más poderoso -o simpatizante de los más poderosos- siempre gana sobre los demás.
Esto es lo que hay de mierda total irreversible, ¡a lo que tú ayudas!

José Repiso dijo...

PARA TENER UN DIOS, PRIMERO HAY QUE TENER UNA VERGÜENZA ÉTICA -O DE RAZÓN PROTEGIÉNDOSE-, ¿no lo sabias?

Y no seguir ayudando a lo mismo.


Sí, eso se consigue muy fácil: no ayudando a lo mismo, sino a los que demuestran razón o ética.


Pero ya depende... de tener corazón y probar que se tiene corazón -no melón rastrero de buenismo con lo mismo-.