--------------Cuando no se le ayuda a la verdad, la mentira se impone (y sus daños).

lunes, 17 de octubre de 2016

Jamás se puede decir "este mundo está bien" o esto, de naturaleza social, esté bien; pues nada (socialmente) está bien y sería un engaño el decirlo. Claro, el bien es dejar al bien-razón otra vez actuar (o no perjudicarlo jamás), o sea, que tú lo dejes al fin, que al que aclara racionalmente no lo perjudiques ni un solo segundo jamás. Si no, no tendrías ni alma de tanta destrucción que actúa a través de ti.
Solo el juego limpio de la razón no esclaviza a nada, ni te mete en las miles de dependencias que tienes con las mentiras o con los intereses de algún poder (un "poder", al margen del contexto de lo íntimo o de lo personal-íntimo,  es la capacidad de imponer una sinrazón socialmente).

2 comentarios:

José Repiso dijo...

Todo te puede traicionar (o vender o pudrir el alma) excepto una cosa: la Verdad (dignifícala).
Si no paras a la sinrazón (que se va reproduciendo en la sociedad y en ti), la sinrazón te parará a ti (te para lo que desarrollas de bien) y parará al bien mismo porque tú desalmadamente eno te has atrevido a maldecirla, a insultarla, a debilitarla o a impedirla. Así es esto de invendible

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Todo lo que tiene recursos de poder, tiene asimismo recursos de manipulación, en una autoprotección o en un miedo a quedarse desprotegido y, también, en un siempre hacer a todos creer que él es el único bueno (pero eso hecho con ventaja-abuso, o sea, con poder).

José Repiso dijo...

Los intelectuales españoles lo que dicen solo se basa en que pueden imponerlo. Buscan o persiguen poder para, de seguido, imponer sus sinrazones o intereses antiéticos; por si alguna razón -o bien- se le ocurre encararse a ellos, pues ya tienen la guardia pretoriana -o juegos sucios o campos de concentración- preparados.

Esquivan la razón (porque, si no la esquivaran, la reconocerían al menos un minuto al día), esquivan el bien, esquivan la conciencia (que atiende a la dignificación con el que demuestra, y eso no lo hacen ni un segundo), esquivan la luz (pues solo manejan intereses que, por prevalecer, tapan otros), esquivan alma y hasta Dios (pues JAMÁS le demuestran fidelidad a la verdad o a la sensatez).

El método del halago es el que reduce todo a excusa, es decir, esquiva la responsabilidad, esquiva la exigencia o el remitirte a deberes precisos -que no admiten autocomplacencias o rodeos-.

15 de mayo de 2016