El reconocer es igual a tolerancia, el que reconoce siempre es tolerante, y el que no reconoce jamás puede ser tolerante.
Irracionalmente el que tiene un poder (literario, político, económico, social, mediático, militar, etc.) tiene miles de recursos para venderse como bueno y ya no necesita reconocer nada -con la aprobación consciente, ingenuidad o consentimiento de la mayoría halagada-; y el que demuestra razón y esfuerzos verdaderos no tiene apenas recursos -y gastándose los mínimos-, ayudas ni nada para seguir defendiendo la verdad. ¡Cuánto sufre éste!


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