
Entonces, con eso, ¿qué mecanismo de bestias sin apenas seso y de degradación ética ha conseguido que Lorca lo esté aun tanto tiempo?. (Enhorabuena; más no se le puede escupir.)
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Nota.- Lo último de un honesto es acostumbrarse -en cobardía- a las fáciles justificaciones de otros en equivocaciones, en sinrazones. Donde hay restos de un ser humano, no es que sea sagrado, no, sino ése lugar los hace recordar; pues, si no, las cámaras de gas del exterminio nazi o, aun, toda Hiroshima tendría que ser sagrada. Más claro, cuando la gente busca -en admiración- a un muerto, va "obligatoriamente" al lugar donde están sus restos -o se supone que están-, sea donde sea -aunque fuere en un cenagal-. Ahora bien, el lugar donde a alguien otros -con voluntad- le imponen que estén sus huesos, siempre es decidido -o dictado- por el odio o por la política (pues..., si Lorca hubiera muerto en su viaje a Nueva York y por uno u otro motivo enterrado allí, ya la política española si hubiera movido por traérselo algo más o mucho, ¿a que sí?).
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