Se decide el valorar los hechos -con criterios racionales y éticos o no-, pero no los hechos -que ya están realizados-.
Se decide el valorar la verdad, pero no la verdad misma -que es ajena a tu parecer de decisión-
Se decide -que es lo esencial de lo que es civilizado o equilibrado- el valorar los mismos valores éticos que no puede prescindir un solo bien o progreso óptimo; o sea, que se ha de DEFENDER LO HONRADO -que es un valor ético- contra cualquier ignorante o astuta justificación de lo contrario, con la consideración de que nunca éste se defiende solo, sino tienes tú el imperativo ético de defenderlo -si no, participas en dañarlo-.









