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- No estar condicionado por prejuicios (antes de pensar en un tema, no puedes tener pensamientos concluidos o ya concluyentes).
- No escoger elementos no racionales (de gusto, de creencia, de tópicos, de "lo dicen muchos", de "me parece normal, bueno o lógico" -puesto que hay que explicar siempre la lógica, si la hay-)
- No impedir el completo proceso racional (claro, dejando que te hablen no únicamente los que están de acuerdo contigo, y de seguida censurando o huyendo de la contraargumentación).
- No mezclar nunca la razón con mecanismos de confusión o deconveniencia (el que sea obligatorio "ser patriótico" o ser obediente o ser de tal clase o marca, por ejemplo).
- Aplicar únicamente las reglas racionales (la no contradicción, etc; nunca otras)
Si tú amaras de verdad a la razón (o al bien), pues jamás permitirías que el que demuestra razón quedara desprotegido, ¡ésa es la infinita verdad!










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